Saturday, March 21, 2009

Entrevista a Elizabeth Bathory


Me encuentro en la actual República Eslovaca lo que antes era Transilvania, al noreste fuera de Bratislava o al noroeste de Budapest. Viajé por la zona de los Cárpatos hasta encontrar el río Vah y me dirigí al norte topándome la ciudad de Vsine. Cerca se encuentra la ciudad de Cachtice (Csjethe), subiendo el monte algunas millas se encuentra el castillo Csjethe. Es sombrío y bastante lúgubre, hecho de piedras grises, pocas ventanas, torres cuadradas y laberintos subterráneos. Pero lo más importante de este lugar es donde vive encerrada mi entrevistada, la condesa Elizabeth Bathory, cuyo nombre en húngaro es Erzsebet; está confinada a una torre oscura y pequeña donde sólo entra la luz por una pequeña ventana, una mano puede pasar por este orificio; todo es muy silencioso.
Ya dentro de su prisión, se ven pocos muebles y una lámpara de aceite de jazmín. Los olores a humedad y a viejo se mezclan con olores exóticos de esencias de maderas y flores; un enorme espejo resalta sobre todo lo que hay en la torre, bien cuidado y limpio. Accesorios de belleza como lo son los peines, cepillos, muchas joyas, un gran cuarto para sus miles de vestidos y quién sabe qué otras cosas guardará ahí...
Ella se encuentra sentada en una silla con aspecto cómodo. Elizabeth es hermosa, una piel blanca y muy bien cuidada; su cabello lo trae recogido en un chongo, es color oscuro y brillante. Sus ropas muestran su buen gusto y su estilo tan característico de una dama distinguida de la nobleza, un vestido largo y abultado, no muy colorido, algo sobrio, encajes y joyas preciosas llenan el conjunto.
Su cara podría pasar por inexpresiva sino fuera porque se ve un poco melancólica y distante, aparenta menos edad de la que tiene. Me da miedo su rostro, pensar lo que representa y todo lo que ha visto y hecho... Esa mujer, en frente de mi, impone; es una mezcla de inocencia, es como una niña que no sabe qué está bien y que mal, así podría justificarle en este momento todas sus atrocidades y poner en marcha mi entrevista. Pero antes saludé de una manera cortés y ella respondió formal y secamente.

A.S.: Vienes de una de las familias más importantes en Hungría, la dinastía Bathory, que sabemos han tenido una larga tradición de casarse entre familiares cercanos, ¿crees qué esto ha sido la causa de los casos de enfermedades entre tus parientes?
E.B.: Pues el rey Stephen de Polonia está perfectamente bien, aunque tengo una tía que le gustan varios vicios carnales y tortuosos, y un primo esquizofrénico. Pero es habitual que en todas las familias europeas exista este tipo de cosas...
A.S.: Bueno, ahora cuéntame de tu infancia... ¿eras feliz?
E.B.: Primero que todo yo nací en 1560 y cuando era una niña, no me sentía completamente feliz, era muy consentida, tenía muchos súbditos a mi orden, por lo regular era una persona solitaria, bastante inteligente y capaz. Siempre estuvo a mi lado mi niñera Ilona Joo que me acompañó hasta su muerte. Además cuando tenía 4 o 5 años me dieron ataques epilépticos que afectaron mi carácter y me provocaron mucha rabia que ya de grande saqué a todo su esplendor.
A.S.: Se que te casaste muy joven, entre los 11 y 15 años, con el conde Fernencz Nadasdy, de 26 años. Tu esposo era conocido por ser afamado guerrero que le atribuyó el nombre de "el héroe negro de hungría". Se sabe que cuando el se iba de casa por largas temporadas, y te quedabas sola, iba creciendo tu amor por el sadismo. ¿Qué hacías y quiénes eran tus compañeros en tu hobbie?
E.B.: Pues mi marido debido a sus largas batallas se ausentaba por mucho tiempo, mientras que yo necesitaba algo en qué entretenerme; desde niña había visto ejecuciones públicas, recuerdo sobre todo, la de una gitana... Mis fieles compañeros son mi niñera Ilona Joo que empezó torturando a las sirvientas. Mis otros cómplices son el mayordomo János Ujvary, Thorko, un guardabosques llamado Daryula y una bruja llamada Dorottya Szentes. Las torturas que hacíamos eran sólo a sirvientas y yo prefería a las vírgenes, lo que hacíamos era: pegarles a las sirvientas con varas pesadas; pincharlas con alfileres en sus labios de la boca, genitales, piel y por debajo de las huellas digitales; obligaba a las sirvientas a realizar el aseo del castillo desnudas a la vista de todos los hombres; no dejaba que las muchachas comieran ni bebieran nada en varios días; le echaba agua helada a niñas que había dejado afuera en el frío y en la nieve hasta que se murieran congeladas; a algunas las sumergía en ríos durante invierno; forzaba a las niñas a sostener llaves y monedas calientes; algunas chicas las embarré con miel y las dejé afuera por 24 horas hasta que los insectos las mordieran; había una tortura llamada "la patada estrella", que consistía en poner papel entre los dedos de los pies y prenderle fuego; ponía mis dedos en la boca de una chica y jalaba mientras se rompía en partes; las hacía que pusieran su vello púbico en el fuego; ponía acero caliente en su cara si un collar no estaba propiamente presionado; les quemaba sus lenguas con fierros; les echaba agua hirviendo; mordía y comía carne de las sirvientas; cortaba sus dedos con tijeras... Mmm me faltó decirte que en ocasiones mi esposo me ayudaba pero no con el mismo entusiasmo que el mío...
A.S.: Dentro de estas torturas, hay un objeto famoso, "la dama de hierro", y otras curiosidades, cuéntame algo de esto y sobre todo por tu gusto por la sangre...
E.B.: La dama de hierro es de mis instrumentos favoritos, es una caja en forma de mujer que tiene picos, ahí metía a las muchachas y les sacaba la sangre, yo me colocaba abajo para darme baños de sangre, los cuales permiten que mi piel sea joven y fresca... Este instrumento lo decoraba con cabello humano, ropa y joyas. Mis baños de sangre los hacía a diario, esto después de la muerte de mi esposo, necesitaba estar siempre bella. Mis brujas me recomendaron la sangre de las vírgenes que me permitirían lucir hermosa. Aunque, bien recuerdo, un día, una sirvienta me estaba peinando, me jaló horrible el cabello y la golpeé; en ese momento me salpicó un poco de sangre y me fascinó. Ya después, mandé hacer todo un sistema para que la sangre me llegara hasta mi tina, las sirvientas las mantenía vivas por un tiempo para que me previeran de sangre, guardadas en cuartos de tortura. Pero todo esto empezó gracias a mi niñera, que me inculcó el gusto por la sangre, su exquisito sabor y sus propiedades.
A.S.: Más o menos, tienes un estimado, del número de muchachas que sirvieron para tus fines...
E.B.: Claro que sí, fueron más de 600... La gran mayoría de los cuerpos eran quemados y enterrados afuera del castillo...

A.S.: Pero todo se te complicó al final, lo que provocó que te confinaran a esta oscura torre, ¿por qué tomaste como víctimas a jóvenes de la aristocracia?
E.B.: Ya todo el pueblo sabía de la pérdida de sus jovencitas y su destino conmigo, yo las tomaba diciendo que las iba a educar... pero me aburrieron estas pueblerinas y decidí tomar niñas de la nobleza... con esto vino mi caída... como no podían meterme a la cárcel o matarme, me encerraron aquí. Es la ventaja de pertenecer a una familia tan poderosa. Nunca me declaré culpable, ni tuve que ir a corte.
A.S.: ¿Qué paso con tus ayudantes?
E.B.: La gran mayoría fue culpable y los mataron, creo sólo una fue encontrada inocente y vive. Pero no me importa, todos disfrutábamos enormemente nuestros actos.
A.S.: ¿Tienes hijos?
E.B.: Si, dos niñas y un varón, pero nunca les he hecho caso, simplemente los dejé bajo la supervisión de niñeras y de maestros... Tampoco su padre les hizo caso mientras vivió...
A.S.: Veo un hermoso y enorme espejo en tu cuarto, pareciera que es tu objeto favorito, ¿lo es?
E.B.: Por supuesto, yo lo mandé hacer lo más cómodo posible para poderme ver por horas, me encanta, refleja mi belleza y juventud...
A.S.: ¿Ahora qué piensas hacer?
E.B.: Morir de hambre y soledad, a mis 50 y tantos años, en esta tumba viviente...


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